La herencia envenenada, único discurso del PP


Es increíble que el PP gallego después de casi 3 años gobernando, siga lamentándose de la herencia envenenada del bipartito gallego. Por si fuera poco, en una extraña maniobra argumental, critican la deuda que generó el anterior gobierno de la Xunta, pero al mismo tiempo están dispuestos a aumentarla:

Así que no queda muy claro si el PP está dispuesto a cambiar el escenario económico del país, o continuar con el discurso inacabable de lo mal que lo han hecho los otros, siguiendo cometiendo, eso sí, los mismos errores que anteriores gobiernos.

Lo peor de todo, es que, ante la impotencia del PP para resolver los problemas económicos del país, el argumento central de su discurso  en los próximos cuatro años a nivel estatal, provincial o local será la herencia envenenada del anterior gobierno. Cambiamos las caras, ahora toca ver si son capaces de cambiar el país.

Lectura de la elecciones generales: se abre una nueva etapa en España


Ayer se abrió tan fuerte la ventana de la democracia que volaron los populares más alto que cualquier otra gaviota jamás vista, mientras que la rosa de los vientos socialista, dio vueltas como una veleta hasta estrellarse entre el fango y el lodo de la amarga derrota.

Habrá miles de lecturas, análisis e interpretaciones de lo que ha pasado, pero tal vez todas se podrían resumir en una: crisis. La crisis económica ha barrido cualquier expectativa electoral del PSOE, por dos razones: su negación de la crisis al inicio y la adopción de medidas más propias de la derecha al final. Los socialistas han perdido su identidad y ello obligará a una nueva refundación del partido. La derrota de ayer se recordará como el inicio del fin del felipismo, porque hay que recordar que Rubalcaba es propio de otros tiempos.

El PP estaba exultante ayer, había mucho que celebrar. No he analizado datos históricos anteriores del PSOE o la UCD, pero creo que nunca, ningún partido ha controlado tantos ayuntamientos, comunidades y el gobierno central; y sólo es el principio: en 3 meses serán las elecciones andaluzas, y se da por segura la victoria de los populares.

El PP tiene vía libre. En todos los frentes. Por poner un pequeño ejemplo, en Galicia gobierna el PP por mayoría absoluta; también en muchas ciudades: Santiago, Ferrol y A Coruña. ¿Durante cuánto tiempo usarán el discurso de la herencia envenenada del PSOE? ¿Durante cuánto tiempo podrán seguir excusándose? Feijoo lleva en el poder casi 3 años, y aún es hoy que recuerda que no ha podido solucionar los problemas de Galicia (el paro sigue ascendiendo) por la herencia del bipartito y el gobierno de Zapatero. ¿Seguirá con el mismo discurso en los próximos meses, el próximo año? Hay rumores de que Feijoo adelantará las elecciones al año que viene, aprovechando que el socialismo está tocado de muerte (ayer el PP consiguió 15 escaños de 23 en Galicia, es decir, el 65% de los posibles).

¿Tiene el PP oposición en Galicia? La respuesta es no, un no rotundo. El PSdG está desnortado, temblando por las cifras de ayer. Y el BNG vive en una realidad paralela en la que tan sólo están ellos: ayer afirmaban que obtuvieron un magnífico resultado. Pero sorprende esa afirmación cuando han sido incapaces de ganar votos en plena debacle socialista. Los votos del PSOE se atomizaron en diferentes partidos, pero ellos no captaron votos, sólo perdieron. Su lectura de los resultados es francamente frustrante. El BNG está tocado de muerte al igual que el PSdG, pero con el agravante de que los nacionalistas no lo saben, o no lo quieren saber.

Hay que tener cuidado con las interpretaciones de los resultados de ayer. El PP ha ganado las elecciones porque el PSOE ha sido pulverizado, sus votos se han dispersado con un montón de granos de arena impulsados por un huracán. El PP tan sólo ha conseguido 570.000 votos más que en las elecciones de 2008, mientras que el PSOE ha perdido 4.286.000 votos.

Esto pone de manifiesto que el PP ha ganado las elecciones porque la ley d’Hondt favorece a los partidos más votados, independientemente del número de votos. Sólo ello explica que el incremento porcentual en número de votos absolutos del PP fuera de tan sólo de un 5.8%, mientras que en número de escaños, fuera de nada menos que un 20.8%. Con el PP ha jugado la ventaja de la dispersión del voto de la izquierda, lo que le ha beneficiado claramente.

¿Es justo? ¿Es injusto? Es lo que hay. Lamentarse de nada sirve. Pero al PP tiene que quedarle claro que no ha habido un respaldo masivo a su partido, ni a su programa. No, en su victoria se han conjugado dos cosas: la atomización del voto del PSOE y la ley electoral. Nada más.

Por lo tanto, el PP debería de andarse con pies de plomo, porque su apoyo caerá en picado durante estos 4 años que debe asumir recortes sociales y afrontar reformas estructurales en nuestra economía. Su actual hegemonía la disfrutará los próximos cuatro años, pero se sostiene sobre pies de arena.

La nota positiva de las elecciones de ayer, no es solamente el cambio de gobierno y la mayoría absoluta del PP, que le permitirá gobernar sin la continua coacción de grupos minoritarios; también lo es que el bipartidismo en nuestro país ha perdido la friolera de 3.7 millones de votos. El auge del UPyD puede significar una brecha en actual sistema. Ahora tiene 4 años para consolidarse, y madurando su proyecto. IU es consecuencia del voto de castigo a los socialistas, pero probablemente perderá apoyos en la próxima convocatoria. UPyD, debido a su posicionamiento socialdemócrata, más propio de partidos europeos, puede romper la eterna hegemonía del PP y PSOE. Optimismo pues a pesar de todo.

La crisis económica sigue viva. Hoy baja la bolsa y los mercados siguen acosando a la deuda española, con una nueva subida impetuosa de la prima riesgo. El PP tendrá que tener la valentía de afrontar los cambios estructurales que necesita España. Esperemos que piense más con sentido de Estado que electoral. Ya hemos visto con el gobierno de Zapatero las consecuencias de las políticas electoralistas.

Se abre, en definitiva, una nueva etapa en España. Los españoles tenemos cientos de retos por delante, pero creo firmemente en la capacidad de nuestro pueblo, de la tenacidad, de nuestro valores, de nuestra capacidad de trabajo y esfuerzo. Entre todos vamos a salir de esto, nuestros abuelos lo hicieron tras la guerra civil, nuestros padres tras la dictadura. Ahora nos toca a nosotros hacerlo con la crisis económica.

El tsunami popular


He leído estos días en algunos periódicos nacionales que la marea azul del Partido Popular abarcará toda España, de norte a sur y de este a oeste. Echando un vistazo a las encuestas yo más bien lo llamaría el tsunami popular. Una ola gigantesca que arrasará con cualquier antiguo feudo socialista. Andalucía será el epicentro de esta debacle socialista porque allí el vuelco será mayúsculo: el PP conseguirá alrededor de 33-35 escaños frente a los 23-25 de los socialistas.

Rajoy va conseguir, después de tres intentos, ser el próximo presidente de España. Y si bien es cierto que ardua será su tarea, mayor será la de los españoles, que tendremos que asumir los recortes (necesarios) sociales para poder sobrevivir en el jungla del neo-liberalismo. Rajoy afirmaba hace dos días que España no necesita tecnócratas, sino buenos gobernantes. No puede estar más equivocado. Los mercados no quieren buenos gobernantes: quieren gobernantes débiles que se dobleguen a sus órdenes. Basta echar un vistazo a Grecia; o a Italia. O al resto de países. Los mercados quieren gobernantes que ante el imperativo del riesgo país asuman la reforma laboral en detrimento del trabajador y los recortes sociales para equilibrar la balanza de la deuda soberana. Soberana va a ser la paciencia que se nos pida a los ciudadanos.

Rajoy ganará las elecciones con una mayoría absoluta holgada. Y dará igual lo que pretenda llevar a cabo: copago sanitario, recortes en educación, congelación de pensiones, reforma laboral al gusto de la patronal y un largo etcétera. Los mercados no han puesto a España contra la espada y la pared: es a nosotros, a los ciudadanos, a los que nos obligan a tomar esa amarga elección. Nos fuerzan a decidir entre una vida austera, pero digna, o la estrangulación lenta de la asfixia económica. Los ciudadanos saben que el PP será el único que sea capaz de asumir los sacrificios que nos exigen desde el exterior, y asumimos esa carga votando a un gobernante débil, que pronto abrazará la tesis dictada por los mercados con una pasividad pasmosa, la misma que ha mostrado desde que Aznar lo apuntó con un dedo.

Tal vez esta vez sea el fin de Rubalcaba. Y ya era hora. Otro candidato que nos hemos tenido que tragar a la fuerza, la del embudo, con la boca abierta y los ojos bien cerrados. Pero ni aún así. Rubalcaba simboliza lo rancio, lo triste, lo oscuro y lo viejo. Cuando se le iluminó la mente lo mejor que se le ocurrió fue mostrarse en público con Chip y Chop, con Felipe González y Guerra. ¡Toma renovación! Sinceramente, a los ciudadanos nos quieren tomar por tontos del culo o algo así. Rubalcaba no sólo equivocó, sino que metió la pata hasta el fondo. Él representa el paro juvenil de hoy; Felipe y Guerra el paro juvenil de nuestros padres. Vaya una sabia elección. No me extraña que el PSOE haya terminado por hundirse en las encuestas.

Cada vez tengo la mayor sospecha que Rubal no quiere ganar. Por eso nos ha sacado esas viejas glorias a la palestra, para que los ciudadanos recordásemos lo mal que lo hizo ya el PSOE en el pasado, para que no tuviéramos ninguna duda. Creo que el PSOE ha dado todo por perdido desde el primer día, y no contentos con eso, quieren asegurarse una derrota histórica. Al menos que dejan huella, ¿no?

En fin, que nuestro próximo presidente será Rajoy, ese eterno opositor, que no tiene prisa, ni ganas, sólo quiere de una vez tener ese puesto en la administración con el que tener su sueldo al mes y no estresarse demasiado. Tal vez me equivoque, pero creo que Rajoy pasará a la historia por ser un presidente tal vez tan mediocre como lo ha sido Zapatero. La historia nos lo dirá.