Podría ser el título de una película, como ese rimbombante título “Miedo y Asco en Las Vegas”. El euro sigue dando pasos hacia el abismo, mientras la Unión Europea se encuentra en tal estado de confusión que no sabe qué hacer.
Mientras todos los problemas que están surgiendo se deben fundamentalmente a la anestesia política de los Estados miembros, los mercados no cesan en su escalada de tensión, cabalgando como los jinetes del Apocalipsis, rebanando cabezas mandatarias a diestro y siniestro, alentando el terror bursátil y espoleando las primas de riesgo de los países periféricos, aquellos mismos que no escucharon la palabra del Mercado y vivieron durante largo tiempo en la orgía crediticia de Sodoma y Gomorra.
Ahora a los pecadores se nos condenan a las siete plagas, a cruzar el desierto por cuarenta días y a salvar el Mar Rojo sin un Moisés que nos guíe. Lo cierto es que los castigos divinos son casi más perversos que los del propio Satanás.
¿Estamos condenados? ¿Realmente no hay solución a la crisis de la deuda en Europa? En los mercados se ha extendido el pánico y la total y absoluta desconfianza hacia países de dudosa credibilidad, como Grecia o Italia. Pero en este tablero, que caigan todos los peones, torres y alfiles no es buena señal. El euro está en jaque mate a menos que los países del centro y norte de Europa den por fin un paso adelante y decidido a defender el proyecto común europeo. De no ser así, es bastante probable que el sistema se desmorone, y un efecto dominó corra desde el Mar Egeo griego hasta las antípodas de la Laponia finlandesa. Porque el actual sistema financiero se entrelaza y interrelaciona formando una maraña confusa en la no se distingue con claridad dónde termina y empieza un entidad.
España cada día está en una situación más difícil. No tanto por su situación interna, como por la inestabilidad financiera y política en el exterior. La incapacidad de los diferentes países europeos para acordar medidas conjuntas para afrontar los problemas de la deuda ha desembocado en la actual e insostenible situación.
Hagamos pues, nuestro mea culpa particular y personal, y roguemos a las divinidades francesas y alemanes que nos concedan el perdón redentor y nos libren del mal. Amén.
