De la crispación política a la social


Durante los últimos años hemos oído constantemente acerca de la profunda y radical crispación política que sufre España. Han sido tantos los desencuentros entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, que aquello del “talante” y el “diálogo” nos suenan a especies extintas en el Jurásico.

Hoy he leído en el periódico El Mundo, con cierto desasosiego que en la noche de ayer un grupo de manifestantes acosaron al alcalde de Madrid mientras paseaba a su perro. ¿La razón?: la prohibición de la música en la plaza de Chueca durante el Orgullo Gay, una reivindicación que viene denunciando de la Asociación de Vecinos de Chueca (léase aquí su declaración).

En primer lugar, la actitud de los protestantes es ciertamente vergonzosa (ver vídeo). Los gritos, abucheos, el acoso a un ciudadano, no hacen sino mostrar la carencia de educación y civismo. Si nos centramos en el motivo de la protesta es doblemente vergonzoso: la prohibición de la música en una fiesta popular. La réplica de Gallardón a los manifestantes fue impoluta y educada: “Aquí viven mi mujer y mis hijos; hacerle esto no es de justicia”. Ciertamente. No era ni el lugar, ni el momento.

En segundo lugar, la prohibición no ha sido una medida caprichosa del Ayuntamiento: la Asociación de Vecinos de Chueca han denunciado en numerosas ocasiones tanto la inseguridad (e insalubridad) como el fuerte impacto medioambiental en el barrio durante los festejos. Y con mucho razón. Para quien haya estado en la Parade habrá podido percatarse de que la tumultuosa fiesta ocasiona tapones humanos en las calles más estrechas, las plazas están abarrotadas de gentes, con cristales, botellas, suelos húmedos y resbaladizos. Imagínense qué podría pasar si tiene lugar un altercado y se produce una avalancha humana; sin duda las consecuencias podrían ser terribles.

El último responsable de la seguridad de los ciudadanos en dicha fiesta corresponde al Ayuntamiento. Tomando nota de los avisos de la Asociación de Vecinos, ha decidido tomar algunas medidas para incrementar la seguridad, no sólo de los vecinos, sino también de los asistentes al Orgullo.

También hay que señalar que esta prohibición no busca suprimir el Orgullo Gay; el Ayuntamiento es bien conocedor de que no se puede matar a la gallina de los huevos de oro. Cada año se incrementa el número de asistentes. Vienen miles de turistas gays (en general con rentas más altas) para ocupar hoteles de lujo, gastar su dinero en restaurantes, cafeterías y pubs. Pero es cierto que en los últimos años se ha convertido en la fiesta más multitudinaria de Madrid, y se ha ido incrementando así mismo el número de asistentes. Con lo cual es normal que se tomen medidas encaminadas a proteger a los ciudadanos.

En la columna del periodista Arcadi Espada se denuncia la “batasunización de España”. Bien, si por eso entendemos que ha ido “increcendo” la crispación social, las protestas y la radicalización del conjunto de las sociedad, podemos afirmar, efectivamente, que está teniendo lugar dicho proceso. Pero, ¿la culpa es de los ciudadanos? ¿Pero qué esperaba España, qué esperaban los políticos? Casi 5 millones de parados, recortes sociales, corrupción política, privilegios a grandes empresas y sector bancario. ¿Acaso esperaban una palmadita en la espalda y un “bien hecho”?

Durante años los ciudadanos de a pie, hemos tenido que soportar la llamada “crispación política”. Soportar que nuestros representantes se dediquen insultos y burlas que producen pudor. Ahora dicha crispación se ha trasladado a las calles, a las gentes y a los ciudadanos. La gente está cabreada, mosqueada, cansada, indignada. Y eso da lugar a una continua protesta, incluso en las cosas más banales, y por supuesto, que muchos sean instrumentalizados por grupos (sean políticos o de otra índole) para canalizar esa frustración en sus propios intereses.

Como he dicho en mi artículo anterior, los ciudadanos deben abandonar urgentemente su mutismo, pero el mutismo de la razón, la reflexión y el pensamiento. Acusan al Gobierno, o a los partidos, de “aborregar” el pensamiento ciudadano, pero cuidado, la indignación también es cegadora. Es fácil ser manipulado, sea por quien sea, medios de comunicación o grupos sociales. Lo importante es estar bien informado y tratar de ser lo más objetivo posible. Y lo demás son zarandajas.

Por último, puntualizar que aunque El Mundo no ha tardado en etiquetar de “indignados” a ese grupúsculo de manifestantes que han rodeado y acosado a Gallardón, no es cierto que se corresponda con la actitud del movimiento 15-M y los integrantes que buscan una democracia más justa. Yo soy uno de esos indignados, pero ni mucho menos apruebo o celebro el bochornoso espectáculo de ayer por la noche en el barrio de Madrid. Quiero dejar claro que condeno el acoso al que se vio sometido el alcalde Gallardón, y espero que no se vuelva a repetir.

Sin embargo, los políticos deben tomar nota. La crispación irá en aumento. La crisis griega, lejos de llegar a buen puerto, sigue agudizandose, arrastrando a nuestra economía. La prima riesgo española no deja de incrementarse, y las exigencias de los mercados al Gobierno español irán en paralelo. Si no se cumplen las expectativas de crecimiento que ha estimado el Ejecutivo español, es muy probable que haya que aplicar nuevos recortes sociales. El estallido social puede ser una realidad en 2012. Y el año que viene a los políticos le gustará un poco menos serlos.