Existen ciertos libros verdaderamente poderosos, de los que te hipnotizan desde la primera página, y te sumergen en las profundidades de una reflexión agónica, que desbarata a golpe de argumentos contundentes y firmes cada una de las ideas apuntaladas a golpe de repetición en cada recodo de nuestra mente. Estos días leo The Selfish Gene (El Gen Egoísta) de Richard Dawkins. En este magnífico ensayo, Richard Dawkins, biólogo evolucionista, nos relata con una precisión milimétrica la evolución de la Tierra, desde la formación de las más simples moléculas biológicas hasta el ser humano. Este ensayo, publicado en 1976, catapultó a Dawkins a la fama, y acercó la compleja teoría de la evolución a los entornos no académicos.
Dawkins pretende explicar nuestra existencia, y bucea en las entrañas de los desconocido, retrocediendo millones de años, braceando exquisitamente en el gene pool o piscina genética. Excitante desde la primera página, no duda en calificar a todos los seres vivos de la Tierra como meros “contenedores de genes“. Llama la atención su explicación sobre la formación de las primeras moléculas orgánicas y las que posteriormente serán macromoleculares. En esta primera sección, que alcanzo a comprender bajo el paraguas de la termodinámica, explica cómo las moléculas tienden a agruparse formando moléculas más complejas. Algunas se forman con el soporte primario de otras, como si se tratara de un molde. Sin embargo, en cierto momento, las moléculas comienzan a realizar algo sorprendente: comienzan a replicarse. Y esto cambiará todo, cambiará toda la Tierra. Y estas moléculas, primitivas, simples y arcaicas, darían lugar posteriormente a los actuales genes.
Una teoría fascinante de Richard Dawkins es sobre la capacidad de los genes de crear una estructura y una maquinaria compleja para protegerlo de ser corrompido o dañado por el entorno u otras moléculas. Dicha estructura y maquinaria no es otra cosa que los organismos: desde la más simple célula hasta el organismo más complejo (el ser humano, por ejemplo). Los genes perfeccionan sus “contenedores” (nosotros) para poder propagarse en la próxima generación. Un teoría fascinante.
Pero, ¿qué somos los humanos? ¿Simples instrumentos? Podemos intuir que nuestros genes gobiernan gran parte de nuestra conducta (atracción sexual, reproducción, paternidad, protección de la prole). Nuestra existencia, nuestras vidas, se limitan a la de ser pequeños eslabones, o plataformas, en las que los genes se intercambian y saltan de una generación a otra. Nuestros genes saltarán durante generaciones o incluso sobrevivirán a nuestra especie (como ya ha sucedido con innumerables que forman hoy parte de nosotros).
¿Qué somos pues los humanos? ¿Tiene sentido nuestra existencia? Es fascinante pensar que un día, todos los humanos desapareceremos. La Tierra se extinguirá envuelta a una nebulosa de gases y explosiones mientras se colapsa nuestro Sistema Solar. La Vía Láctea se expandirá y encogerá dando lugar a un terrorífica explosión. Y sí, finalmente, todo el Universo sucumbirá, y toda su materia y energía se sumarán para expandirse nuevamente con otro Big Bang. Y mi pregunta es: ¿somos el resultado el primer Big Bang? ¿O sólo uno de tantos?
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