El año 2009 será recordado por dos motivos: la crisis económica y la gripe A. Ambos acontecimientos han tenido un gran seguimiento mediático, hasta el punto que las palabras “gripe” y “crisis” han formado parte de todas nuestras conversaciones cotidianas. La crisis económica ocupó gran parte de los medios de comunicación en la primera parte del año, y se lo seguirá haciendo hasta mediados del año que viene. Por otra parte, la gran protagonista mediática del momento es la gripe A. Sorprendió su rapidez de propagación a nivel mundial; en poco más de dos meses pasó de ser un foco infeccioso en México a convertirse en una verdadera pandemia.
Mi opinión sobre la crisis económica es más bien limitada. El origen de la crisis no está en los bancos, ni en la construcción, ni siquiera en los gobiernos. Es cierto que todos ellos han formado parte del triángulo apocalíptico que nos anunciaban el año pasado, hablando de desconfianza, falta de liquidez y colapso del mercado financiero. Según mi humilde (y limitada, como he dicho) opinión el origen de esta crisis económica está en el propio sistema. Las ansias de enriquecerse a cualquiera costa convierten el mercado en una ruleta rusa, en la que unas veces ganan los rojos, otras los negros. En el último siglo el vicio capitalista ha alcanzado niveles tan voraces que sin otra cosa que engullir, acabará devorándose a sí misma. Y en esta crisis estuvo a punto de hacerlo. Sin un gobierno que le interese regular el mercado, unos bancos sin escrúpulos, y un mercado desbocado, consiguirán antes o después, derrumbar el sistema económico actual. El presidente de la FED ha estado atinado apuntalando las grietas, pero no ha renovado la estructura. ¡Que la orgía capitalista contínue, que gire la ruleta!
Y la actual crisis ha sido la crisis de la hipocresía, la de los bancos que vuelven a obtener beneficios astronómicos, mientras asfixian a los contribuyentes (que han aportado suculentas ayudas a las entidades bancarias) sin dejar fluir el crédito a las pymes y ni la concesión de hipotecas. Los bancos flotan en dinero (recordemos, otra vez, con ayudas concedidas por los gobiernos) mientras que 4 millones de españoles están en paro. ¡Y los empresarios hablan de flexibilizar el despido! Como decía mi abuelo muy sabiamente “¡manda carallo La Habana!”. Viva la hipocresía.
Sigamos. La gripe A. Ocupa cada día una página (o dos, o tres) en los periódicos. La cobertura mediática a esta enfermedad roza el absurdo. Es incomprensible. Es cierto que esta gripe es, en cierto modo, excepcional. Ha conseguido en pocos meses deplazar a la gripe común como cepa mayoritaria en el mundo. Se estima que un tercio de la población mundial pueda padecer la enfermedad en el próximo año. Casi nada. Sin embargo, con los datos recopilados hasta ahora, la tasa de mortalidad se mantiene en niveles de la gripe común o incluso inferior. También habría que recordar que la mayor parte de las muertes tienen lugar en paises en vías de desarrollo o subdesarrollados. Sí es cierto que su tasa de morbilidad será mayor, debido a su mejor capacidad de propagación. Los más afectados, obviamente, serán los pacientes con patologías previas, sobre todo si se tratan de patologías respiratorias.
No caigamos en el pánico. Se trata de una gripe común. La gran mayoría pasaremos la enfermedad siguiendo este tramiento: descanso, hidratación y antitérmicos. Nada más. Los antivirales están reservados a las personas más sensibles, aquellos que pertenecen a grupos de riesgos (que los expertos determinarán en los próximos días).
Sin duda, la crisis económica y la gripe A son ejemplos de lo que significa “la pandemia del miedo”, el pánico irracional que distorsiona nuestra capacidad de evaluar de forma rigurosa la realidad. Ni la crisis ha sido apocalíptica como anunciaban ni la gripe A será la gran pandemia del siglo.
Los medios de comunicación junto con los gobiernos y diferentes empresas multinacionales han conseguido hacer temblar los pilares de seguridad de la ciudadanía para provocar el miedo irracional que concedió el cheque en blanco a bancos, cajas, empresas automovilísticas, construcción, etc. Gracias a esta gran campaña de difamación han conseguido desbaratar los argumentos de los críticos. La política del miedo. Muy eficaz.
El año que viene tendremos la oportunidad de evaluar quién ha salido más perjudicado y beneficiado de la crisis económica y cómo de grave fue la gripe A. Tal vez entonces reflexionemos sobre lo ocurrido y podamos ver con claridad la campaña de engaños y difamación a la que nos han sometido en los últimos meses.