Hace ya casi tres años (cómo pasa el tiempo), mis sandalias golpeaban mis talones ritmicamente en las calles de Triste, bajo un bochornoso sol con la vista en el Adriático, y repitiendo frases en italiano, mientras observaba el bullir de la ciudad, con sus vistosas Vespas, de todos los colores, los triestinos hablando acaloradamente, y alguna que otra ventana cerrandose, evitando el sofocante calor. Recuerdo las clases de italiano a las que acudía cada mañana, la facilidad de la lengua latina, tan musical para el oído español. Curiosa la historia del Imperio Romano en Hispania, del Imperio Español en el sur de Italia, Sicilia y Cerdeña. Italianos y españoles nos hemos empapado mútuamente de nuestras culturas a lo largo de los siglos, bien mediante el comercio, o la colonización.
De mi vida en Italia, recuerdo el calor, la comida, el italiano, y las buenísimas amistades que tengo allí. Pero también pude asistir a la gran influencia de la Iglesia Católica, el terror impuesto por la Camorra en Nápoles y el poder hipnótico del populismo de Berlusconi. La vida política italiana gravitaba en estos tres puntos, que se reflejaba de formar magnífica a través de los informativos en la televisión; raro era el día que no se abría el telediario sobre las últimas palabras del Papa (que no presentaban nada relevante: abogaba por la paz, el amor, la penitencia, etc. No aportaba ninguna novedad al mundo), los homicidios cometidos por la Camorra (impresionante, casi diariamente morían una o dos personas bajo la violencia de la mafia), o aparecía Berlusconi, siempre elogiando su figura y sus palabras.
Estos días Berlusconi está sudando tinta china. No fue suficiente que numerosos escándalos judiciales, en los que se vio imputado (en algunas se demostró su culpabilidad, pero el delito había prescrito; en otros, mediante magistrales piruetas legislativas, Il Cavaliere consiguió que lo antes era delito para todos, dejara de serlo para él). Sólo ahora, cuando comienzan a salir los trapos sucios de su vida privada, se tambalea su Gobierno. La Iglesia ya ha advertido a Berlusconi que debe dar explicaciones sobre los casos de prostitución, drogas, fiestas, de dudosa moralidad. Hay que aplaudir a la Iglesia. Ninguna institución ha sabido con una precisión tan poderosa como ella para adivinar el ocaso de los líderes. Si la Iglesia suelta la cuerda, rodará la cabeza de Berlusconi más rápido de lo que podemos imaginar.
Y la mafia, que extiende sus hilos hasta el mismo Senado italiano, seguramente se moverá con soltura ante la nueva situación, y sabrá hacer precipitar la caída de Il Cavaliere si así le es conveniente. Las presiones a diferentes diputados serán fundamentales para acabar con la carrera política de Berlusconi. Por supuesto, desconozco absolutamente las conexiones entre el Gobierno y la mafia. Tan sólo especulo con lo que dicen los propios italianos. Y con los hechos. El gobierno anterior, dirigido por Prodi, tuvo que tirar la toalla, acuciado por problemas internos (la crisis de la basura en Nápoles, llevada a cabo por la Camorra, que controla el negocio de la basura en el sur de Italia; la incapacidad del partido de Prodi de lograr pactos estables con otros partidos, etc), que probablemente los estimularan la organización mafiosa.
Ahora a Berlusconi, acosado por sus propios escándalos, comienza a percibir la presión de la Iglesia y de la sociedad italiana, que exige explicaciones. La frivolidad del presidente italiano parece que finalmente pasará factura al líder. Parece increible que después de demostrarse en tantas ocasiones su culpabilidad en diferentes casos judiciales no pasara factura en su vida política; ha tenido que ser su dudosa moralidad en su vida privada lo que pueda provocar su derrumbe.
Sin duda no hay ningún otro líder europeo que me provoque más repugnancia que Berlusconi. Su desfachatez, su descaro, su política inmoral, lo convierten en un ser despreciable, tan sólo admirado por aquellos que desean su opulencia y su poder. Curioso que en país de la moral católica, Berlusconi sea casi idolatrado. Curioso e incomprensible.
¿Cómo es posible que ese hombre, que tachó de inmoral, casi de asesino, al padre de Giulianna – aquella chica que estuvo más de 20 años en coma vegetativo IRREVERSIBLE – fomente la prostitución? ¿Cómo es posible que ese hombre, que promulga la unidad familiar heterosexual como única forma de convivencia, se acuesta con otras mujeres estando casado? Podría escribir un largo etcétera.
Resumiendo: ¿cómo se atreve este hombre a escribir la moral, cuando él mismo carece de ella?
Espero que estos sean los últimos días de Berlusconi… para siempre.
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