
Este año se celebra el 200º aniversario del nacimiento de Darwin y el 150º aniversario de la publicación de su “teoría de la evolución”. En el siglo XIX afirmar que nuestros antepasados fueron los simios, y no Adán y Eva, escandalizaba a la sensibilidad católica, y no fueron pocas las burlas que tuvo que sufrir el científico. La teoría de Darwin se asienta en cuatro conceptos fundamentales: la evolución, el gradualismo, la especiación y la selección natural.
Sin embargo, el profesor Jerry A. Coyne incluye un quinto: “toda evolución conlleva una imperfección“. Es decir, que las criaturas derivadas de la evolución están inacabadas. Ejemplos de ello lo tenemos en nuestro apéndice, o el vestigio de nuestra cola y el vello de nuestro hermano mono.
Sin embargo, no existen solamente testimonios fisiológicos o anatómicos de esa herencia genética. También lo son los emocionales. El miedo y la violencia son mecanismos defensivos o ofensivos para la supervivencia individual. Los lazos paterno-filial son medios para la perpetuación de la prole. El estímulo sexual lo es para la reproducción.
Todas esas emociones o instintos aportan numerosas ventajas, que sin embargo, sumadas a la máquina del racionamiento pueden desancadenar desastrosas consecuencias. El racionamiento, propio de los humanos, conlleva una complejidad tan elevada que sería difícil realizar una predicción de nuestras acciones. Y el racionamiento, que tanto nos caracteriza, y nos eleva por encima de todo el Reino Animal, nos convierte, en ocasiones en el más irracional de todos los animales.
En ocasiones, en los numerosos paseos que realizo, observando las calles, las gentes, los jóvenes, los ancianos, los niños, intento escrutar a través de sus ojos el miedo, la rabia contenida, la sensualidad, la inocencia, la impotencia. Se me quiebra el corazón y se llena de tinieblas mi espíritu al ver al pobre pidiendo con su huesuda mano extendida en alto, implorando una limosna, al anciano que apenas es capaz de arrastrar los pies y sólo le acompaña su propia soledad, a la mujer que camina con paso indeciso secuestrada por su borrachera cotidiana, a los que se arrodillan en un templo suplicando a un dios que nunca contestará, a los que se apoltronan en su acomodada vida ignorando la de los demás, a los que no pueden acceder a comida, agua o educación en cualquier parte del planeta, o al planeta agonizando de la acción humana.
Y cuando pienso en la evolución humana siento lásmita, porque semeja más tres pasos hacia atrás que uno hacia adelante. Tal vez Darwin estaba equivocado y realmente la evolución tuvo lugar hasta los homínidos, pero se troncó con los humanos. Porque yo a esto no lo llamaría evolución. Más bien, conjura de los seres imperfectos.
Praga, 1968. A tormentosa historia de amor entre Tomás e Teresa mistúrase cunha rede de celos, desenganos, sexo e paixóns que enreda ao lector e faino reflexionar coa personaxe protagonista en cada pequeno acto que realiza en cada decisión (errada ou non) que toma. Un xeito de vida de accións trivais que levan a unha simple pero profunda reflexión sobre a vida e o destino das persoas. Unha deliciosa novela que convida a quen a lea a plantexarse moitas preguntas sobre a súa propia vida e a dos demáis.